Estamos viviendo una transición tecnológica del
comportamiento generacional de los niños y jóvenes que los convierte en nativos
digitales. Nuestra función como facilitadores del aprendizaje en una era
moderna como la que vivimos para no perder el control es implementar desde el
inicio hasta lo largo de la formación del docente un adecuado uso de estas
herramientas tecnológicas como fuente de aprendizaje, para aprovechar al máximo
el potencial individualizado de los alumnos.
Creando conciencia del buen uso de estas herramientas tenemos
menos riesgo a perder el control y al mismo tiempo fortalecemos la capacidad de
aceptar infinitas opiniones sobre un tema, no creyendo que el educando tiene la
verdad absoluta, sino aceptando la diversidad y propiciando un espacio positivo
de crecimiento tanto para el educando como para el educador.
Ya que la mayoría de nuestros educandos pasan la mayor parte del
tiempo conectado a los dispositivos digitales debemos utilizarlos como una
fortaleza para el proceso aprendizaje ya que aporta múltiples beneficios y
nuevos conocimiento. No debe ser una debilidad que limite al educando a ser
parte del proceso de formación educativa.
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